duminică, 26 iunie 2011

La ciudad de los Dioses y las Diosas

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La ciudad de los Dioses y las Diosas

Nek Chand nació en 1924, en una localidad situada a 90 kilómetros al sur de Lahore que entonces era territorio indio y que tras la partición de 1947 pasó a formar parte de Pakistán; fue uno de los diez millones de desplazados indios que abandonaron la zona. Tras mucho deambular, él y su mujer llegaron a Chandigarh, la nueva y moderna capital de la región de Pendjab, diseñada nada menos que por Le Corbusier. Allí consiguió un empleo de modesto funcionario, inspector de carreteras, gracias al cual aprendió algunas técnicas que después le iban a resultar muy útiles.


Chand empezó a desarrollar su proyecto en 1958. Lo hizo de forma autodidacta y en secreto porque, entre otras cosas, ocupó un terreno, un descampado situado a las afueras de la ciudad que no le pertenecía, sin pedir ningún permiso.
Primero despejó la zona de matorrales. Después, con la única ayuda de una bicicleta, se dedicó a recoger todo aquello que pudiera resultarle útil: piedras de formas curiosas, fragmentos de vajilla y cristal, cazuelas de forma globular… de todo.
Al parecer, su primera intención era la de recrear su perdida ciudad natal. Al principio, sólo para sí mismo, bautizó el lugar como “la ciudad de los dioses y la diosas” y trabajó a escondidas, en sus ratos libres, en ese fantástico jardín que contiene más de 1.400 figuras de reyes, reinas, personas y animales. Casi todos tienen alma de cemento, aunque también los hay de trapos retorcidos, y la mayoría están decorados utilizando la técnica del trencadís. Por supuesto, lo hizo sin tener ni idea de quién era Gaudí y sin conocer el trabajo de otros practicantes ilustres o no.

El parque es hoy una intrincada red de pasillos cerrados o abiertos que desembocan en plazuelas, grutas y ríos artificiales, puentes, estanques, cascadas y que contiene, incluso, una montaña artificial, todo ello salpicado de esculturas humanoides y animales decoradas con materiales tan diversos como chapas, botellas de cristal y de plástico, piedras, trozos de madera, abalorios, latas de conserva y de refresco, y piezas de chatarra como rodamientos, muelles, tuercas y tornillos, clavos, enchufes… Lo único que no hay en ese jardín, aunque sí a su alrededor, son árboles y plantas vivas.
En 1973, el fabuloso jardín fue descubierto por las autoridades, y dado que era un entorno ocupado de forma ilegal, en un primer momento determinaron que debía ser destruido, pero se encontraron con la oposición de los ciudadanos, para quienes Chand, en su búsqueda de materiales de desecho aptos para su trabajo, se había convertido en un personaje familiar y querido que acudía de forma periódica a revolver sus basuras.
Chand logró, no sabemos cómo, que, en 1975, la propia Indira Ghandi, por entonces primera ministra y en visita a la ciudad, lo recibiera. Con semejante apoyo, el municipio se vio obligado a claudicar y en 1976 legalizó el lugar, con la condición de que sus casi 5 hectáreas se convirtieran en un jardín público con el nombre de Rock Garden. Chand fue revelado de su trabajo como funcionario de carreteras y se le asignó un sueldo para que se ocupara, con la ayuda de un equipo de veinte personas a sus órdenes, del mantenimiento del parque.

El asunto parecía resuelto con plena satisfacción de todas las partes. Sin embargo, en 1990 un funcionario hostil decidió que una nueva carretera debía pasar justo por el centro del parque. Cuando llegaron lo bulldozers, se encontraron con una barrera humana formada por un millar de personas dispuestas a protegerlo con su vida. A raíz de la atención que recibió el suceso por parte de los medios de comunicación, el trazado de la carretera fue modificado.
Las amenazas a su supervivencia no acabaron ahí. Seis años después, mientras Chand estaba de gira por Estados Unidos, adonde viajó para construir una reproducción a escala de su jardín encargada por el Museo de la Infancia de Washington, las autoridades locales aprovecharon sus cinco mese de ausencia para despedir a los empleados.

Cuando Chand regresó, los efectos del vandalismo revelaron un panorama desolador, pero esta vez, la movilización a su favor, gracias a la publicidad lograda en Norteamérica, adquirió carácter internacional. Numerosas personalidades firmaron una carta de apoyo y en Londres se creó una asociación para recaudar fondos para restaurarlo. Tarea en la que también participaron cientos de voluntarios.
Para evitar este tipo de males en el futuro, en la actualidad el parque está supervisado por la Asociación para el Desarrollo y la Preservación del Rock Garden.
Este lugar, que ostenta el récord de entorno de arte popular espontáneo más extenso del mundo es el segundo lugar más visitado de la India, pisándole los talones al mismísimo Taj-Mahal.

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